Jueves, 1 de mayo de 2008. 19:30. Suena mi móvil. Identidad oculta.
JOSE: ¿Sí?
MONSTRUO DE AMSTETTEN: ¿Es usted el de la web idiota ésa?
J: Eh… Sí, creo que sí.
MA: Hola. Soy el monstruo de Amstetten.
J: Oh. Vaya, pues… Esto… Es un placer, señor monstruo de Amstetten. ¿En qué puedo ayudarle?
MA: Me dejan hacer una llamada y he pensado en usted. Quiero contarle la verdad para que la publique usted. El mundo tiene que saber que he sido acusado injustamente.
J: ¿O sea, que no mantuvo usted secuestrada a su hija durante 24 años, tiempo en el que la violó sistemáticamente y tuvo siete hijos con ella?
MA: Sí, esa parte es verdad. Lo que no dice nadie es que lo pidió ella.
J: ¿Su hija?
MA: La misma. Es que, verá, hará como 30 años mi hija se enganchó muchísimo a un programa de televisión español, éste que presenta un señor así como bajito… ¡Hurtado! Jordi Hurtado, ¿sabe de qué programa le hablo, uno que es un concurso?
J: ¿Saber y ganar?
MA: Éste, que aquí lo cogemos por la paralítica, ¿sabe? Y el caso es que se enganchó muchísimo, lo grababa y todo para vérselo luego, y se lo veía igual seis o siete veces cada programa, imagínese, que luego me enteré que eso en Japón en una enfermedad, porque claro, para los japoneses todo es una enfermedad, ¿sabe cómo le digo?, porque como son muy compulsivos… Pero bueno, la cosa es que ella ni comía ni nada, todo el día ahí, viendo el concurso aquél, que yo le decía Mochi, porque yo de toda la vida la he llamado Mochi, le decía Mochi, se te va a quedar la cabeza cuadrada, todo el día ahí pegada viendo eso. Y ella nada, ahí, que la dejara, ya sabe cómo son los chavales. La cosa es que, claro, de tanta práctica ya lo acertaba todo. Con la mo, accidente geográfico. Y ella, montaña. Con la pa, persona discapacitada. Y ella, parabólica. Un dominio absoluto sobre lo que viene a ser el lenguaje, ¿me explico? Que le ponías una sopa de letras y te cagaba un haiku. Pero claro, al final pasó lo que pasó. Un día me vino, toda llorando y me dice apá, me dice, que estoy muy mal, que necesito con ay, auxilio, socorro. Yo: ayuda. Ella: eso mismo. Y le digo, yo preocupadísimo, claro, figúrese, le digo: ¿y qué quieres que haga, Mochi de mi alma? Y me dice: méteme en el sótano, hazme el amor todos los días y deja de llamarme Mochi. Y le digo: pero hija mía, es que llevo toda la vida llamándote así, ¿no ves que se me va a hacer muy raro llamarte de otra forma? ¿Me sigue?
J: Eeeeh… Sí, sí. Pero bueno, el hecho en sí sigue siendo horrible.
MA: Sí, pero para mí. Cada vez que le bajaba comida, me violaba. ¿Usted sabe lo que es un polvo diario a los sesenta años? Hace un mes tuve una sobredosis de Viagra, con eso se lo digo todo. Lo que yo he vivido no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo. ¿Ya sabe que hasta salgo en el Libro Guiness de los Records?
J: ¿Por qué?
MA: Soy el tío con más nietos mongolitos del mundo.
J: Pero usted le dijo a todo el mundo que su hija estaba en una secta.
MA: No, no, oiga, eso es una manipulación de la prensa. Yo lo que dije es que se había quedado seta.
J: Y dígame, ¿siente remordimientos por lo que hizo?
MA: Sí, pero la perdono. Ahora ella está curada, que es lo importante, no puede ni ver a Jordi Hurtado, que eso es un respiro para toda la familia. Y están mis nietos Trochi, Fochi, Jochi, Lochi, Marochi y Zochi, que son la luz de mi vida.
J: ¿Y es verdad eso de que quemó a uno nada más nacer?
MA: Sí, es que salió pochi.
Silencio.
J: Eh… Ya.
MA: Era un chiste. ¿Lo coge? Pochi. Se lo cuento a usted porque en alemán no cuadra.
J: Ya, ya. Muy gracioso, sí.
MA: Oiga, voy a tener que dejarle porque aquí el agente me quiere dar por el culo, ¿eh?
J: Pues nada, un placer hablar con usted, señor monstruo.
MA: El placer ha sido mío. Difunda mi mensaje.
J: Descuide. Adiós.
MA: Oiga, espere por lo menos a que cuelgue, ¿no? No sea bruto, que tengo puesto el cintu…
Se corta.