
En la imagen, el Lehendakari haciendo su famoso gesto de “esto es lo que hay, chavales”.
JOSE: Lehendakari, muchas gracias por concederme unos minutos. Sinceramente, me sorprende que haya aceptado este encuentro.
IBARRETXE: Oh, por favor, yo estoy muy comprometido con la libertad de expresión. ¿Qué sería de nuestra hermosa Euskal Herria sin libertad de expresión?
J: Pero es que, señor Lehendakari, en Euskal Herria no hay libertad de expresión.
I: Ya está cayendo en el tópico españolista, y por ahí vamos mal, ¿eh?
J: Pero no es un tópico, oiga, que el jueves, sin ir más lejos, pegaron a unos chavales en Vitoria por estar viendo el partido de España en un bar.
I: ¿Unos rusos?
J: No, unos rusos no. Unos abertzales.
I: Ja, ja, ja, qué chavales… En fin, bueno, ¿qué quiere preguntarme?
J: A ver… ¿Qué le dice a los que le acusan de haber sacado adelante su propuesta de consulta popular con el apoyo de los violentos?
I: Se equivoca, el PP no ha apoyado la consulta.
J: Eh... No, me refiero a la izquierda abertzale.
I: ¡Pero esa gente no es violenta! A mí nunca me han hecho nada. Ni a mis amigos.
J: Ya, pero eso es porque... Es igual. Dígame, ¿qué busca con su plan?
I: Se lo explicaré con una metáfora, que se me dan muy bien. Mire, Euskal Herria es una locomotora, ¿de acuerdo? Y ahora mismo somos una locomotora enganchada entre vagones, ¿ve lo absurdo que resulta eso? ¡Somos una locomotora, por el amor de Dios, deberíamos poder circular libremente, con nuestros propios vagones!
J: Y, siguiendo con su metáfora, ¿a dónde va ese tren?
I: ¿A dónde? Pues a… Esto… Al… ¡A la libertad!
J: Se lo acaba de inventar.
I: No, no, para nada, ¿eh? Esto lo traía ya pensado.
J: Vale, pero… ¿Y si resulta que el tren no va a la libertad sino a un precipicio?
I: Pues saltamos.
J: ¿En marcha?
I: No, bueno, claro, es que... Igual no le he dicho que en el tren hay un helicóptero, ¿se lo había dicho?
J: ¿Un helicóptero? ¿Y cómo pretende meter un helicóptero en un tren?
I: No, es que es uno de esos helicópteros chiquititos, ¿sabe? Ahora los hacen así, nada, una cosa que cabe en cualquier parte.
J: ¿Y ya cabremos todos los vascos ahí dentro?
I: Sí, bueno, es cuestión de organizarnos.
J: Ya, pero es que si esa organización depende de usted, ya sé que a mí, por ejemplo, me va a dejar fuera.
I: Por Dios, qué cosas tiene... Usted no tendría problema ninguno porque, como español, podría saltar a otro vagón. Al de Cantabria, por ejemplo.
J: Pero es que yo nací y vivo en Bilbao.
I: Ya, pero no hablamos de eso.
J: Pero entonces usted sospecha que efectivamente vamos hacia un precipicio, porque, de lo contrario, no metería un helicóptero en el tren.
I: Eh... No, no, porque... ¿Eso es mi móvil?
J: ¿El qué?
I: Eso, ¿no lo oye? Turu, ruru, ruru. Turu, ruru, ruru…
J: Eso lo está haciendo usted con la boca.
I: Ja, ja, ja… Me encanta el humor de los españoles, ¿se lo he dicho ya? No tiene nada que ver con el nuestro.
J: Que le estoy diciendo que soy de Bilbao.
I: Sí, sí, lo que sea… Bueno, tengo que atender esta llamada. Turu, ruru, ruru... Que sea usted muy feliz en la vida, ¿eh? Agur.
J: Pero Lehendakari, no he podido… Lehendakari...









