15 de diciembre de 2010

mi rodaje cojea: Escépticos, día 1

Bien, así que la idea es hacer un programa de divulgación escéptica para toda la familia. Y el piloto, así lo he acordado con Euskal Telebista, versará sobre la conspiración lunar. En castellano. 40 minutos. Sin plató. Me han prohibido decir la palabra documental, porque suena muy serio y espanta, pero nada más ver al equipo todo el mundo comprende que no somos precisamente una ENG. 
La entrada completa, aquí.

13 de diciembre de 2010

Y hasta aquí Ciudad K


Esta noche se emite el capítulo 13 de Ciudad K. Es el último.

¿Y eso? ¿La retiran? 
No, se ha emitido entera. Como ya conté en su día, hace casi un año TVE encargó 14 capítulos (un piloto más 13) para cultural.es. Al igual que la mayoría de los programas concebidos para aquella cadena, Ciudad K desembarcó discretamente en La 2. Cuando empezó la emisión, la serie llevaba meses terminada y entregada.

¿Habrá más capítulos en un futuro?
Es muy improbable, dado que, hoy por hoy, nadie está trabajando por que los haya.

¿Dónde puedo ver la serie completa? 

Gracias a todos los espectadores de Ciudad K, tanto a los que la habéis seguido en la tele como a quienes la habéis visto online desde los más insospechados rincones del planeta. Gracias también a los que habéis escrito sobre ella en periódicos y blogs, y a los que me habéis mandado ideas y críticas. 

Y si te estás preguntando cómo acaba Ciudad K… Bueno, digamos que de la única manera posible.

Esta noche, a las 21:30. En La 2.

8 de diciembre de 2010

Disparad al periodista y mataréis el periodismo

En 1998 se puso en marcha una campaña contra las grandes marcas deportivas que usaban mano de obra infantil en países del Tercer Mundo. Fue un gran éxito, y varias empresas cerraron sus fábricas por aquello del qué dirán. Como resultado, miles de niños acabaron vendiendo felaciones en vías de desarrollo por lo que cuesta coser un balón de Nike. Moraleja: es fácil arreglar el mundo desde el sofá. 

Opinar acerca de un Gran Tema supone errar casi necesariamente. Alguien tendrá siempre más información que tú, y otro alguien tendrá más información que ese primer alguien. Sólo las personas directamente implicadas en el Gran Tema poseen todos los datos. Quizá ni ellos. Aún así, por supuesto, opinamos. Algunos, incluso, opinamos en público. Y cuando asumes que no sabes ni siquiera una millonésima parte de lo que deberías saber para poder opinar con criterio, sólo te queda una coartada ética para seguir opinando: ser justo. 

Estos días los opinadores profesionales y amateurs andamos a vueltas con Wikileaks, un tema extraordinariamente complejo que simplificamos para volver manejable. Dicen que los cables podrían alterar el panorama diplomático internacional, dicen que no revelan nada que no supiéramos ya, que son malos para Estados Unidos, que son buenos para Estados Unidos, que ridiculizan a los países de medio pelo como el nuestro. Dicen que hay intereses ocultos tras la filtraciones, que a Julian Assange (el héroe, el egocéntrico, el revolucionario, el terrorista) le molan las crías y que se cambia mucho de peinado para ser un tipo honrado. Todos carecemos de datos, incluso los que dicen tener muchos. Pero una cosa parece clara: Assange y su organización quieren cambiar el mundo por la vía del electroshock asumiendo los riesgos que eso conlleva. Y parecen querer cambiarlo a mejor. Con eso me vale para opinar. 

Y opino que los medios tradicionales deberían indignarse al menos tanto como muchos ciudadanos nos estamos indignando con la campaña declarada contra Wikileaks. Opino que deberían reflejar nuestra indignación con un poco más de ímpetu, en lugar de reforzar la idea de que la vieja prensa en papel es una estatua de mármol que observa pero no interfiere. 

Opino que El País, Guardian, Le Monde y NYT deberían proteger a Wikileaks como fuente de su información que es (y no soy el único que lo opina). Opino que al menos esos medios deberían apoyarles económicamente, no sólo con donaciones directas, sino creando y difundiendo canales para que la ciudadanía pueda colaborar. 

Pero no todo el mundo opina así. Javier Moreno, director del El País, escribía el lunes en Twitter: 

En una primera lectura me pareció lo más lógico del mundo. En la segunda empecé a detectar una extraña conexión entre la primera oración y las dos siguientes. En la tercera lectura me escandalicé. 

Estoy convencido de que los responsables de El País y los demás periódicos implicados en el caso Wikileaks quieren, como dice querer Assange, un mundo mejor y más justo. Opino que es el momento de que lo demuestren (más allá de la, sin duda, laboriosa edición de documentos que otros les han hecho llegar). Podrían empezar, qué sé yo, con una rotunda primera plana que nos recuerde por qué demonios lo llamaban Cuarto Poder. 

Pero esto es sólo mi opinión. Y yo, claro, no tengo datos.

6 de diciembre de 2010

Esta noche, en Ciudad K…


…nos sumergiremos en una realidad paralela donde los nazis ganaron la guerra, viviremos otro Apocalipsis en el CERN, veremos en exclusiva un fragmento de la obra maestra del cine europeo "Lo único más triste que un paisaje triste son dos paisajes tristes y una grulla" y nos preguntaremos qué fue más relevante desde un punto de vista cultural: Star Wars o Star Trek. 

Ah, y el profesor de clases particulares reflexionará sobre nuestra relación con el Tercer Mundo.

A las 21:30 en La 2. Y aquí, la serie completa partida en sketches. 

5 de diciembre de 2010

Malpensando

Hay personas que han tildado de absurdo mi anterior artículo. Rechazan la mera idea de que el sabotaje de los controladores pueda ser inducido. No lo dudan; lo rechazan. Lo consideran una paranoia conspirativa sin fundamento alguno. Supongo que se imaginan a hombres con gabardina, coches explotando en parkings y señores de corbata amenazándose en mitad de la noche. Se imaginan una versión patria de El Informe Pelícano y lo descartan inmediatamente porque en España, claro, eso no pasa. 

Uno de los grandes triunfos de la propaganda bienpensante es conseguir que ciertas cosas sean consideradas inverosímiles por la opinión pública. Hay personas que aceptan como un dogma que el Gobierno dejó de tener contactos con ETA tras el atentado de la T4, que ni se cuestionan por qué el juicio a Otegi se produce justo ahora. Hay gente convencida de que el caso Couso se cerró normalmente, convencida de que Garzón se ganó a pulso su propio vía crucis, convencida de que los volantazos de Zapatero se deben a que es un imbécil y punto. Personas convencidas de que la ley antidescargas y la neutralidad en la red son medidas que surgen nadie sabe por qué y que desaparecen de la agenda naturalmente. Hay personas que creen que cuando alguien como César Alierta dice algo en una rueda de prensa lo hace alegre e irresponsablemente. 

Hay personas convencidas de que González se pone la X encima porque está gagá, que Gabilondo elige a sus entrevistados al azar, que Jaume Roures ha tenido suerte en la vida, que Aznar es consejero de News Corp por su conocimiento del mundo editorial, que ETA lanza comunicados al tuntún, que Sinde esta ahí por su talento organizativo. 

Hay personas que no se cuestionan el porqué del regreso de Ramón Jáuregui al Gobierno ni el motivo por el que Zapatero amplía el número de empresarios invitados a La Moncloa de 30 a 37 a última hora. Hay personas convencidas de que los medios españoles han apartado el foco del Sahara porque ellos mismos lo han decidido. 

Hay personas que se niegan a creer que hay personas silenciadas en los medios de comunicación de España. Que no pueden creen que haya libros boicoteados por los poderes económicos y políticos. Hay personas que se niegan a creer que el poder de las marcas sobre los medios de comunicación es real y asfixiante. Hay personas convencidas de que la guerra del fútbol es únicamente una cuestión de dinero, convencidas de que los periódicos sólo saben lo que cuentan. Hay personas que no quieren entender qué tienen que ver las unidades móviles de RTVE con nada de lo que estamos hablando. Hay personas que, aún hoy, creen en la separación de poderes. 

No se trata de pensar mal por sistema. Se trata de que, si descartamos el mal pensamiento de las opciones, la propaganda tiene medio camino hecho. 

El Gran Hermano somos todos. Pero algunos más que otros.

4 de diciembre de 2010

Alarma en primera plana

Por supuesto que uno puede quejarse. Y protestar. Y colapsar un país. Si un colectivo siente que sus derechos son sistemáticamente aplastados debe rebelarse, claro que sí. Puede hacerlo de forma violenta o no violenta (allá cada cuál), intentando dar la mayor visibilidad posible a su problema. Pero, para que la estrategia funcione correctamente, es fundamental (a) que la llamada de atención sirva para sensibilizar a favor de la causa y (b) no ser objeto de una manipulación encubierta. 

Los controladores se han equivocado y me niego a pensar que, a estas alturas, no lo sepan. La jugada era maestra, colapsar el país entero, dar un puñetazo en la mesa que resonara desde Finisterre hasta El Hierro. Ocurre que el puñetazo ha caído en un momento extraordinariamente conveniente para el Gobierno, lo cual constituye una casualidad bastante sospechosa. La crisis aérea ha desplazado del (merecido) estrellato mediático la noticia que nos constata como provincia norteamericana y desacredita aún más a un Presidente con crédito ya negativo. Ahora, gracias a Wikileaks, sabemos fehacientemente que el Gobierno de España desarrolla políticas en base a lo que se le dicta desde la Casa Blanca. Esto, por supuesto, se vuelve informativamente irrelevante en el momento en que los militares desembarcan, con mantas y comida, en los aeropuertos de medio país. Ése es el problema uno, el que a muchos nos ha hecho sospechar que los controladores han sido manipulados políticamente (si lo son las víctimas del terrorismo, ¿por qué no iban a serlo ellos?) 

El problema dos, de índole completamente distinta, es que este golpe sólo ha servido para que la población española, abrasada por la crisis, el paro y la desafección política, se posicione explícita y definitivamente en contra de un colectivo que, en el fondo, sólo quiere que se cumplan sus derechos. La Guardia Civil, con sus propios y muy graves problemas laborales, no se ha ausentado masivamente de sus puestos de trabajo. Ni los jueces, que soportan desde hace décadas una masa de trabajo impracticable. Ni los médicos, asediados por un sistema sanitario público cada vez más deficiente. Y no lo han hecho por un motivo: responsabilidad social. 

Para que la sociedad funcione hay que saber cuándo y cómo dar el puñetazo en la mesa. También hay que calcular la fuerza del puñetazo porque, si rompes la mesa, te harán pagarla. ¿Es justo que les despidan? ¿Es justo que les impongan penas de cárcel? ¿Es justo que tengan que obedecer órdenes de militares? El lenguaje bélico contempla un hermoso y poco practicado concepto: la proporcionalidad. Una agresión militar debe ser respondida con una agresión proporcional al daño recibido. 

Ahora tocará hacer números. Calcular, en la medida de los posible, qué daño ha generado el puñetazo en la mesa de los controladores aéreos en términos económicos y de prestigio para España. Probablemente, nunca sabremos si este sabotaje ha sido tan inducido como parece (a no ser que Wikileaks nos sorprenda de nuevo). Lo único cierto y exigible es que la respuesta sea proporcional al daño causado. Y, para eso, es bueno no estar cabreado.

1 de diciembre de 2010

Escépticos


Conocí a Luis Alfonso Gámez como los bilbaínos solemos conocernos: en el aeropuerto de Sevilla. Gámez es un tipo calvo, alto, delgado y sonriente. Aquella mañana (y casi todas, como más tarde descubrí) vestía abrigo largo, camisa negra y vaqueros. Se comportó de manera extrañamente neurótica, hablaba mirando en todas direcciones, recolocándose las gafas cien veces por minuto, gesticulando inmensamente. Parecía recién sacado de un película de los hermanos Coen. Nada más conocerme empezó a largar y no ha parado hasta hoy. Es, con mucho, el tío más verborreico que jamás he conocido. 

Gámez es periodista científico (aunque no le gusta que le llamen tal cosa) en El Correo, autor del blog Magonia, consultor del Comité para la Investigación Escéptica y fundador del Círculo Escéptico. Cuando le conocí yo aún estaba perfilando Ciudad K, pero ya entonces tuve claro que quería hacer un programa de televisión con él. Mascullé la idea varios meses, pero lo que definitivamente me convenció fue descubrir que Gámez había perdido un juicio contra J. J. Benítez por llamarle "estafador" e "iluminado". Lo hizo por escrito, en un artículo en que cargaba contra el programa que Benítez tenía por entonces en TVE con frases como: "¿Qué piensa de esta bazofia de 8 millones de euros el comité de sabios al que iba a recurrir Rodríguez Zapatero para regenerar TVE?" 

ETB, la televisión pública vasca, ha decidido que quizá sea buena idea pagarnos un piloto. Se titula "Escépticos", y versará sobre la conspiración lunar. Contamos con un grupo de extraordinarios asesores científicos y con parte del equipo creativo de Ciudad K. Si nos dejan, haremos un total de 13 programas sobre diversas cuestiones científicas o pseudocientíficas. Nuestro objetivo es acercar el pensamiento crítico y el escepticismo científico al gran público a través del entretenimiento y el humor. ¿Funciona la homeopatía? ¿Son malas para la salud las ondas electromagnéticas? ¿En qué se basa la astrología? ¿Fuimos realmente a la Luna? ¿Qué es un producto milagro? ¿Qué hay detrás de la industria de lo oculto

Podréis verlo, según ETB, "a principios de 2011", y lógicamente también estará en Internet.  Aquí tienes la visión de Gámez al respecto.