Hoy Valencia ha vuelto a demostrar que el Estado de Derecho es más fuerte que las insidias de los violentos, incluso cuando los violentos tienen más formación que los agentes de la ley. De nuevo, la falacia izquierdista de que puede más la pluma que la espada ha quedado en evidencia.
Hoy, en Valencia, los diligentes cuerpos de policía han obedecido las ordenes de sus democráticamente electos superiores: acallar las voces de los peligrosos disidentes púberes. En este caso, la disidencia tenía su origen en un Instituto de educación secundaria. Se quejaban los enemigos de la libertad de que en sus aulas carecen de calefacción. ¡Como si el calor fuese imprescindible para el ejercicio de la educación!
Los peligrosos elementos antisistema han optado por gritar provocadoras consignas tales como “Por una educación digna” en la calle que, no lo olvidemos, es de todos (tanto de la gente digna como de la indigna). Esta provocación, además de contener un evidente grado de subjetividad, ha superado ampliamente el máximo de decibelios tolerado en núcleo urbano. De ahí que haya sido imprescindible poner en marcha los mecanismos que el Estado de Derecho nos brinda para este tipo de circunstancias: las porras.
Los agentes de la Autoridad han hecho gala de su inmejorable formación persiguiendo, golpeando y deteniendo a los disidentes, todos ellos con edades comprendidas entre 16 y 18 años. Según fuentes presenciales, algunos de los adolescentes portaban libros; afortunadamente, la policía es inmune a esta peligrosa arma.
Este terrible episodio no debe considerarse anecdótico. De hecho, ejemplifica la firmeza con que el Estado Democrático se enfrentará a cualquier clase de intolerable disidencia (es bien sabido que se empieza pidiendo calefacción en las escuelas y se acaba queriendo nacionalizar Repsol).
Si alguno de ustedes presencia actos de disidencia perpetrados por personas con libros, no dude en ponerse en contacto con la Autoridad Competente antes de que sea demasiado tarde.
Y que nadie lo dude: la Democracia vencerá a los estudiantes. Lleva décadas haciéndolo.

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